Carta a J. K. Rowling

Estimada Joanne Rowling:

Te escribo esta carta para agradecerte por tu obra Harry Potter. Tengo un hijo de nueve años llamado Leónidas que es un lector ávido (lo cual me desborda el corazón de orgullo), y le sugerí leer la saga. Tanto le gustó que me pidió que yo la leyera también para que pudiéramos comentarla. Me regalaste momentos hermosos junto a mi cachorro.

Leónidas me preguntó quién había imaginado semejantes aventuras. Entonces hicimos una búsqueda en Google y conocimos aspectos de tu vida que nos parecieron fascinantes. Por ejemplo, que escribiste el primer libro a mano, en un bar mientras tu hija bebé dormía al lado tuyo; o que te sugirieron en la editorial que aceptó publicarlo, que no usaras tu nombre de mujer porque podría afectar negativamente a las ventas. Me diste la oportunidad de hablarle a mi hijo del patriarcado, de cómo a las mujeres el mundo nos muestra hostilidad de múltiples formas, aunque no sean explícitas. Fuiste una mujer que se hizo cargo del cuidado y la crianza de su hija sin el padre presente, pero eso no te impidió perseguir tu sueño de ser escritora. Te entiendo tanto Joanne. Yo también soy escritora, terminé mi primera novela con mi hijo colgado de la teta e, incluso hoy, cuando me presento a un concurso literario y tengo que usar un seudónimo, elijo uno masculino; no vaya a ser que alguien del jurado me deje afuera por reconocer en mis palabras a la mujer que quiero ser. Tan arraigado está el patriarcado en este mundo, que Leónidas me dijo que no se había imaginado que vos fueses una mujer.

Pero Joanne, continuando con la búsqueda encontramos algunas frases tuyas relacionadas con la identidad y la biología que nos sorprendieron. Decir que existen hombres y mujeres por naturaleza y que el sexo biológico es una verdad, es anacrónico y no tiene sustento científico alguno. Y justo en eso creo que te puedo ayudar a entender qué nos dicen las ciencias naturales al respecto.

Las ciencias biológicas son construcciones humanas, y las categorías que proponen no son verdades ni son indiscutibles, sino que son herramientas para comprender el mundo vivo. Así que si de biología se trata, hay que conocer qué nos muestra la comunidad científica en la actualidad. La disciplina biológica se rige y se piensa bajo el modelo evolutivo. Y no estamos hablando de un modelo más entre otros, sino que es el cristal por donde se mira a la vida, tal es así que directamente hablamos de biología evolutiva.

Uno de los principales postulados de la evolución es el de la diversidad intraespecífica. Lo que quiere decir que dentro de una misma especie, si bien los individuos son muy parecidos, no son exactamente iguales, no son copias. Hay diferencias en sus características, a veces muy evidentes y otras veces imperceptibles. Por ejemplo, en una población de mariposas espejito (especie muy frecuente en mi país), habrá algunas que tengan las alas más grandes, otras tendrán diferencias en el patrón de colores, tal vez alguna tenga antenas más cortas o lengua más larga. Sin embargo, siguen siendo todas de la misma especie: mariposas espejito. Estas diferencias dentro de una misma especie, que suelen ser sutiles, son muy importantes porque permiten la supervivencia. Ante un cambio ambiental, o frente a los obstáculos que se presentan a lo largo del tiempo, la diversidad es una ventaja. Si fuésemos todes iguales, frente a una pandemia nos hubiésemos muerto y la humanidad estaría extinta. Pero sabemos que no fue así, ni siquiera en las peores epidemias de la historia, como la peste bubónica, la fiebre española o la viruela. 

La diversidad dentro de la especie humana se presenta como parte de la vida misma y se manifiesta, por lo tanto, como cada persona es. Se puede ver en todas sus características, incluso en la genitalidad. Este concepto se pone en palabras al momento de hablar de nuestros propios cuerpos, del sistema genital y de las elecciones e identidades, saliendo de las lógicas binarias (macho/hembra; hombre/mujer) y adentrándonos en las infinitas posibilidades que la biología contempla, por ejemplo, la intersexualidad. Suponer que esa diversidad no debería existir o que solamente hay dos sexos, es desconocer a la biología por completo. 

Joanne, te invito a conocer mi país, Argentina. Acá existe la Ley de Identidad de Género, que reconoce el derecho de cada persona a elegir su identidad y obliga a todes a respetarla. Igual que en tu lugar de origen, el Reino Unido de Gran Bretaña. Es una de las tantas batallas que le vamos ganando al patriarcado, este sistema de dominación que nos mantiene subordinadas y que sostiene la desigualdad estructural basada en la pertenencia a un sexo biológico definido como binario. Ya no va más eso de que la gente tiene que andar escondiéndose para amar o para ser feliz, ahora la diversidad se reconoce como tal y se respeta en todos los ámbitos, también en la biología como disciplina científica.

Vuelvo a agradecerte por tu obra, Joanne. Mi hijo y yo te admiramos mucho, sin embargo nos gustaría que cambiaras de parecer y que aceptaras que la humanidad es diversa y que eso nos hace maravilloses. Cualquier duda que tengas al respecto, me escribís, eh. Un abrazo desde el sur.

Julieta Antonelli

Licenciada en Ciencias Biológicas

Profesora de Enseñanza Media y Superior en Biología

Escritora