Mi juventud unida de Mariano Blatt

¿Cuánto se estira un recuerdo, una vida? ¿Cómo se reúne un fragmento de esta en algo tangible? Palabras que conforman la unión de algo que parece aterrarnos, una juventud unida; si aquello se une, entonces ¿es dejar de ser joven? Reunir un fragmento lleva a realizar necesariamente un recorrido, en este caso, cronológico por los recuerdos de un otro que muchas veces parecen ser nuestros, algo que quizás sea empatía o simplemente coincidencias de todas las juventudes que en algunos puntos se tocan, puntos lejanos que hacen una intersección, un paralelo, un punto de encuentro, ¿dónde es ese punto? No es uno solo, pueden ser varios, es el deseo que impulsa: voy a contar una anécdota / voy a contar otra anécdota / voy a escribir un poema / voy a dar un curso donde explique / cómo contar anécdotas / cómo escribir poemas (2005)

Mariano Blatt, reúne su juventud, la tuya, la mía, la que está por venir, la que ya no está, la que le pertenece pero también las juventudes ajenas. Observa el mundo y lo narra desde el yo poético que se desdibuja en todos esos otros que hacen a la juventud, ¿cómo se construye una juventud sin otros? ¿Qué peso tienen? El peso del otro empieza a tener un lugar cada vez más definido y no somos solo nosotros mismos sino que somos todo aquello que nos rodea, todo ese rejunte también de otras personas que nos atravesaron: quiero agradecer a todos mis amigos / a todas las personas que me son de modelos / en actitudes, costumbres comportamientos / creo que soy un rejunte, / de lo que me gusta de tal, de la costumbre de aquel / busco que mi cuarto se sienta como la casa de uno / que a la tarde haya el silencio y la tranquilidad que hay / en lo del otro / o que mi mano tiemble cuando leo, igual que le pasa a / la de ese. /a veces, cuando no sé qué hacer / pienso en lo que haría alguno, en lo que estará haciendo / y hago eso mismo. me siento acompañado, seguro / si mis amigos lo hacen (2005). El lugar de confianza que comienza a crecer, todos los amigos que pasan, los que están más tiempo, los que solo pasan de un modo efímero y todos ellos con la importancia de estar en ese momento dado, la posibilidad también de enamorarse, de pensar en nuestro propio ser en la vida del otro, el lugar de la duda constante: ¿soy importante / en la vida de otro? ¿sonríe alguien / si recibe un mail con mi nombre? // estaba en una fiesta / y sentí que vos también (2006).

¿Cómo se reúne una juventud? Son fragmentos, siempre son fragmentos, un retorno que se vuelve eterno hacia un momento, o un fragmento también de nuestras vidas que se estira hasta el punto en el que podemos pensarla en un “para siempre”. Un capítulo del libro se llama “Dos poemas que voy a escribir toda la vida”, el mismo tiene una nota al pie que dice: “Estos dos poemas los empecé a escribir a fines de 2012. La gracia es que los voy a seguir escribiendo hasta que me muera”, estirar entonces la juventud hasta el momento en que ese yo real deje de estar, pero ¿el yo poético? el yo poético es siempre joven, es lo que siempre perdura, es lo tangible de lo tangible, ese que habita en las palabras, ese que está en forma presente y no pasado en cada uno de los años que ya pasaron pero que allí se quedan impregnados en un tiempo que avanza distinto; eso es lo que crea Mariano Blatt, un tiempo detenido que avanza. Podríamos hablar entonces de La muerte del autor de Barthes quien dice: “Cuando comienza la escritura, la voz pierde su origen y el autor entra en su propia muerte”, todas las muertes que hay dentro del libro y las permanencias que también se modifican en cada tiempo en que es leído y en cada persona que lo lee. 

A partir de ahora, entonces me referiré al yo poético que se encuentra presente en el texto, ese “yo” que duda y pruebas cosas, sale, se confunde, vuelve sobre sus propios pasos, detiene el tiempo acariciando el pelo de un otro, besa, coge, fuma, toma pasti, baila en una fiesta de electrónica, vuelve roto, entero, vuelve o no, va de vacaciones, camina, recorre, se prende uno, otro y otro más, lee, escribe, lee a otros, toma una cerveza en la esquina con los pibes, mira con deseo, observa a alguien que baila y le gusta, se enamora, termina, ve en alguien todos rasgos positivos, encuentra al Pibe de Oro, tener éxtasis en el bolsillo del pantalón, buscar trabajo, dormir en tu cama, en la cama de otro, otros, no dormir y seguir de largo, tener sexo, la enumeración podría seguir ad infinitum porque pareciera que el caos de lo que significa una juventud no para; es acumulación, pero también dentro de ello se deberían imaginar muchos espacios en blanco en donde solo se está haciendo eso, lo mismo que un espacio blanco en una hoja, lo mismo pero otra cosa: todo lo demás no está dicho pero igual te das cuenta; es lo lindo del poema (2008).

La escritura se vuelve caótica, cargada, es orden y desorden, es todo junto y separado, es la contradicción misma que también habita en ese espacio, en esa forma que también el yo poético encuentra de poder decir que eso es también la juventud, no solamente las palabras que se dicen sino la forma en la que esta se presenta y aparece, cargada de sentidos y también vacía: La mayor parte de mi poesía este carácter impulsivo pueblos, esquinas, kioskitos, skateparks, patios de casa (2008).

Despertar, entender que se está en este mundo que habitamos y que eso lo hacemos de la forma en la que podemos y, algunas veces, queremos, despertar significa estar y supone la escritura de algo que puede ser confuso, algo que habita en la mente, la mente que entonces también ahora tiene un mundo tangible en donde ser y estar: Igual, ese es un secreto tuyo con vos mismo / nunca se lo cuentes a nadie (2009).

¿Es esto la escritura de lo impredecible de la propia vida?

Por Florencia C. Barba Lijerón

Arte: Van Arce sobre obra de tapa de Alejandro J. Bartolomé.