Suyay o de la infancia como dispositivo de conciencia

Dos ojos saltones y llenos de intriga se posan sobre el cuerpo del público, esperan a que las luces terminen de acomodarse y se cierran antes de comenzar. Así empieza Suyay, obra escrita y dirigida por la dramaturga Pilar Ruiz. 

Desde un establo en el medio del campo y durante la hora de la siesta, una nena llamada Gringuita (Agustina Groba) nos enseña que ha aprendido a dividir las palabras gracias a la maestra del colegio: “Grin-gui-ta”, dice con parsimonia, mientras gesticula con las manos y se dirige a los animales que la rodean, esos personajes que imaginamos gracias al universo narrativo que se construye minuto tras minuto. 

Al silencio de la siesta se le suman sonidos ligeros, etéreos, que envuelven los silencios de una nena que se revuelca en el piso y se mancha la ropa sin preocupación alguna porque ni ella ni nadie de su familia tendrá el deber de lavarla. En el establo, Gringuita espera a su confidente, Suyay, y nos olvidamos de la ciudad y nos trasladamos al campo durante esta paz momentánea.

Y ese éxodo, ese viaje metafórico no es en vano: en Suyay, la ternura que acarrea la infancia, su inocencia, es utilizada como un dispositivo de conciencia política, de clase, de género, de lengua. Todo esto ocurre a través de una voz dulce que nos evapora poco a poco de la realidad, como el agua que se calienta despacio sobre las hornallas de la cocina. Cuando el calor agobiante de lo dicho aprieta y las risas que nos causaba esta personalidad extrovertida, dramática, libre de prejuicios, comienzan a extinguirse, nos damos cuenta: Gringuita se está adentrando en las discrepancias sociales, económicas, culturales y políticas que están ahí, pero decidimos ignorar. 

Pero, ¿qué es lo más interesante de esta puesta en relieve? Las distancias y diferencias sociales, económicas, lingüísticas y, por supuesto, de amor, que son entendidas como construcciones sociales definidas desde el adultocentrismo, pero que se desmoronan para esta niña, al igual que para cualquier niñe, porque el cuerpo está plagado de humanidad, de un idioma emocional que perdemos conforme nos adentramos en el sistema que nos rodea, nos atraviesa, nos manipula.

Suyay es prueba de que, una vez más, la infancia, esa primera etapa de entrada a la vida, es el momento donde más amor, inocencia y solidaridad existen, y nos pide que deconstruyamos lo que nos separa, que nos adentremos a ese desafío de tratar a quien nos rodea con bondad, con dulzura, con cariño, olvidando los prejuicios, lo arcaico. En Suyay el momento de desarmarse es ahora.


Escrito por Ana Clara Chanvillard.

Arte por Van Arce.


Sobre Pilar Ruiz

Actriz, directora escénica, dramaturga y docente. Graduada de Profesora de Artes en Teatro (UNA). Actualmente es maestranda en Teatro y Artes Performáticas (UNA). Cursó la Maestría en Dramaturgia (UNA). Sus docentes fueron Susana Torres Molina, Alejando Tantanian, Ariel Farace, Ariel Barchilón y Lautaro Vilo. Realizó un taller de dramaturgia con Santiago Loza en el Teatro Nacional Cervantes. Estudió con Mauricio Kartun. Estudió Dirección Escénica con Guillermo Cacace y Juan Pablo Gomez. Recibió la Beca de Formación del FNA, para profundizar sus estudios en dramaturgia, en la Sala Beckett -Barcelona, España-. Obras escritas y dirigidas: Bailan las almas en llantas, Suyay, De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos, Descansa y En el fondo. Obra escrita, ganadora del Premio EDIE-2016: Creerás en este poema. Dicta clases de actuación en el ámbito universitario y clases de dramaturgia en sus talleres privados.


Desde el sábado 7 de agosto hasta el 28 de agosto a las 22.30 horas.

Espacio Callejón – Humahuaca 3759 – CABA