Durmiendo con el enemigo

Durmiendo con el enemigo, protagonizada por Rita Cortese y dirigida por Lorena Vega, es una de las obras que conforman el ciclo teatral Teoría King Kong, inspirado en el libro de Virginie Despentes. El ciclo enfrenta a las protagonistas con las palabras de esta autora, llevándolas a hablar desde la experiencia, desde lo interno, lo que se rompe adentro y se incendia. Invita, a su vez, a les espectadores a hacerse cargo, a habitarse y ser une misme, algo que dentro de este mundo capitalista y patriarcal pareciera ser distante y ajeno. Teoría King Kong reconoce, entonces, a une misme como revolución de un mundo opresivo.

Cortese habla sobre las personas desvalorizadas, a quienes les da miedo la oscuridad de la noche; sobre la violencia, la venganza: la sexualidad de las mujeres siendo reprimida, y la manera en las que nos podemos apropiar de ella. Esas personas que “parecen que no existen”, que son marginadas dentro de un sistema: frente a ellos afirma la elección de ser más deseante que deseable, empoderarse.

La protagonista nos adentra en el relato de Despentes y también en su historia personal, donde elige correrse de lugares heteronormativos, haciendo una denuncia constante a aquellos que les molesta el trabajo sexual pero no la precarización laboral en otros ámbitos, a los que señalan y critican a este trabajo y no así a la pobreza. Se impone frente a una construcción ficticia de la mujer, inventada por las masculinidades, en donde estas no son dueñas de sus decisiones y se reafirma: “el sexo me pertenece y podrá ser rentable”.

La obra profundiza no solo sobre la prostitución, sino sobre la autonomía de los cuerpos que tantas veces se ve interrumpida, impedida, y denuncia la cosificación que hay sobre el cuerpo de las mujeres y disidencias. Durmiendo con el enemigo hace una revisión para que se entienda, de una vez, a la prostitución como un trabajo. ¿Por qué molesta la prostitución? ¿qué tiene de malo la palabra prostituta? Plantea estas preguntas, desde un lugar de militancia, de reconstrucción como sociedad.

Debemos hacernos cargo y preguntarnos, ¿qué moral quiere ser defendida si no se respeta el deseo del otre, el trabajo del otre? Sobre esto, Lorena Vega, nos habló del proceso de esta obra y del significado de la misma, dirigida durante un tiempo de alarma e incertidumbre, donde darles luz a estas temáticas se vuelve algo urgente.

¿Cómo fue el proceso de creación de una obra tan emblemática como lo es Teoría King Kong de Virginie Despentes, en este sentido, cuáles fueron las consideraciones a tener en cuenta para poder recrearla y poner lo dicho en la piel de un personaje?

Esta pieza performática, que se trata de un monólogo en primera persona, fue atípico: se hizo en confinamiento, en el segundo encierro por Covid, hicimos los ensayos por zoom y nos vimos presencialmente muy pocas veces. Fuimos con el plan directo a estrenar e hicimos un trabajo muy dedicado y comprometido.

La propuesta artística nos llego del Cervantes, se trata de una adaptación de cada uno de los capítulos del libro, realiza por Alejando Massi. Hicimos Durmiendo con el enemigo: es la etapa donde la autora narra su experiencia como trabajadora sexual, hubo varios ejes para abordar el trabajo, en principio propuse un músico porque el instrumento actoral que tenía a favor era una actriz que canta y en el tono de su voz hay un terreno muy vinculado con el dolor y la experiencia. Por lo tanto, trabajé la puesta desde lo sonoro, Agustín Flores Muñoz fue el músico que le puso cuerpo a la obra, ya que era alguien que podía entender la sonoridad de esa textualidad en términos morfológicos y semánticos, aprovechando la capacidad y talento que tiene Rita en el arco expresivo de su voz. Al tratarse de un working progress y una puesta con texto en mano, me parecía que ese trabajo desde la sonoridad iba a generar un buen trabajo de enlace y de circulación en aquello que se propone.

Siempre nos pareció muy importante, como algo central, qué nos pasaba personalmente con lo que íbamos leyendo, sabíamos que íbamos a decir algo con lo que teníamos que estar comprometidos y comprometidas, no íbamos a hacer nada que no estuviera en nuestro interior como un debate real o como una certeza o contradicción, el compromiso fue absoluto para poder llevar en la textualidad aquello que realmente nos estuviese interpelando.

La versión que nos llegó fue modificada en relación a cuestiones que pensamos y cosas que creímos debían ser actualizadas, para ello la intervenimos con otros materiales pertinentes en esta temática. Algo fundamental fue que se logre ser parte de la voz que se está elevando en el texto en cuanto a la defensa y la militancia sobre la prostitución como un trabajo y realmente poder mirar a esa actividad como un trabajo sexual y no como otra cosa, por supuesto si la crítica está en ese terreno, por qué no mirar entonces otro tipo de explotaciones para quienes consideren que ahí hay una explotación del cuerpo. Poder pensarnos más integralmente es lo que propone el texto, hay una estigmatización al trabajo sexual, y lo que buscamos es hacer una revisión profunda y dejar de lado discursos hipócritas sin hacer un tratamiento de doble vara. El trabajo sexual en condiciones legales fue algo central porque creemos que dando ese debate se puede empezar a entender de otro modo.

La obra hace un excelente análisis sobre el trabajo sexual: una mujer que, al maquillarse y calzarse tacos, se convierte en un juguete gigante, cuyo trabajo es conectar con la tristeza de sus clientes, y a su vez, conectarse con ella misma. Propone repensar nuestra memoria cultural y abandonar aquella célula tradicional que tanto nos condiciona: experimentar lo que nos excita sin condiciones morales ni prejuicios.

Lo que buscábamos era interpelar al espectador, desde una revisión general de la explotación de los cuerpos en todos los ámbitos laborales y en todas las actividades a las que están sometidas las clases trabajadoras. Señalar la estigmatización del trabajo sexual ya que no es entendido como trabajo sino que la lectura es desde una mirada de victimización sobre ese trabajo y no hay un reconocimiento de la autonomía del uso de los cuerpos de mujeres y disidencias. Para la forma de interpretarlo lo pensamos a través del peso de las palabras, la sonoridad, las canciones elegidas, el poema de Alfonsina Storni dando cuenta del abuso corporal y con el trabajo sobre el relato autobiográfico.

El monólogo está  compuesto por distinto tipos de textos y atendimos especialmente al relato autobiográfico cruzando material autobiográfico personal, por lo tanto hay material que no es del libro sino que es puesto por experiencias propias de la actriz o articulado por relatos que circulaban en el equipo de trabajo.

¿Qué significa para vos poner para esas personas un lugar de existencia que les fue negado, y sigue siéndolo, durante tanto tiempo? ¿Qué significa, entonces, pensar en la prostitución como una reconstrucción en donde el sexo nos pertenece y si se quiere puede ser rentable?

Darle lugar a esas voces significa darle lugar a mi propia voz, sentíamos que podíamos darles voz teniendo en cuenta los privilegios que tenemos, pero en lo personal soy parte de la clase trabajadora entonces también me está representando a  mí.

En relación a que el sexo nos pertenece me parece una de las ideas más potentes del libro, en general no solo de este monólogo, sino porque me parece que es la gran columna vertebral: la autonomía sobre la propia sexualidad, el lugar de reconstrucción y de posibilidad de reconvertirse y de continuar sin quedar estigmatizada en el lugar de la víctima.

Por otra parte, la obra reafirma la revolución feminista existente y se pregunta cuándo sucederá la revolución masculina y a qué le tienen tanto miedo para seguir callando, sobre esto, quienes forman parte de este ciclo son en su gran mayoría, mujeres, ¿qué significa para vos esto?

Me parece que tenemos que seguir ocupando esos lugares y somos nosotras quienes tenemos que seguir dando lugar a nuestra voz. Me intereso sumar a un músico hombre porque me parece que la revolución debe ser en conjunto, desde el encuentro y no desde la diferenciación. Si realmente no hay un replanteo y una reconstrucción también de las masculinidades vamos a seguir llevando adelante los mismos problemas, entonces es una invitación desde ese dúo para generar ese espacio de reflexión: es ver un hombre escuchando todo esto que la obra trae. Repensarnos nos pertenece a todas y todos en este sistema opresivo.

Por Florencia Barba Lijerón y Matilde Néspolo.

Arte por Vanina Arce.

Podés ver la obra en el Teatro Nacional Cervantes los domingos 1 y 8 de agosto.
Dirigida por Lorena Vega.
Protagonizada por Rita Cortese.
Músico en escena: Agustín Flores Muñoz.