Intranquilas y venenosas

Intranquilas y venenosas fue primero un newsletter que Olivia Gallo y Tamara Talesnik crearon cuando empezó la cuarentena.  Ahora, hecho libro, a más de un año del inicio del aislamiento obligatorio, estos e-mails se transformaron en un diario compartido entre dos amigas que, al igual que el mundo, tuvieron que cambiar su rutina de vida y adaptarse a una nueva, a algo desconocido que no se sabía muy bien cómo iba a funcionar. En estos correos que empiezan en marzo y terminan en octubre, conocemos cómo vivió cada una esta transición a una forma de vivir distinta: la virtualidad. Nadie pensó que una pandemia iba a obligarnos a reestructurar cada espacio, que era posible migrar el trabajo, el amor, la amistad, el ocio, el deseo, terapia, etc., a una versión mediada por una computadora. 

Pero este libro no es sobre el coronavirus ni sobre la pandemia, que si bien suena de fondo como un ronroneo constante, funciona como punto de partida para hablar de otras cosas. Este libro trata de habitar un mismo espacio las 24 horas, sobrevivir entre cuatro paredes, descubrir una gotera insoportable en el baño, la experiencia de convivir con un novio en la casa de su abuela y, por momentos, creer que está embrujada, que todo es muy antiguo. Trata sobre el deseo de tomar un vermut con amigas, un plan tan sencillo como imposible, que convierte a las cosas cotidianas en ajenas, como si pasasen en una película que pueden ver, pero no vivir. El libro es una experiencia de la hibernación, una bitácora de experimento. 

Intranquilas y venenosas es revisitar, a la manera de encontrar un diario íntimo que ya le pertenece al pasado, una compañía, una forma de saber que, lo que le pasa a una, posiblemente lo esté viviendo también la pareja de vecines que viven a los gritos o el hijo adolescente que da portazos. Son e-mails que circulan como cartas entre dos amigas que no pueden verse y que, frente a la página en blanco, reflexionan sobre cómo es no ver a nadie, el encierro como alivio, la contradicción de extrañar la otra normalidad, pero también disfrutar estar todo el día en joggineta o querer coger pero, al mismo tiempo, detestar las citas virtuales. Las autoras exponen sus obsesiones e intereses, sobre todo al contar qué serie están viendo, como si identificarse con algún personaje las ayudase a entender algo más sobre ellas mismas o, quizá, esas vidas, en tantos meses de soledad, actuaran como compañía. Leerlas es una forma de ver cómo, a medida que pasa el tiempo, sus deseos y preocupaciones cambian, de la misma forma que nos pasó al resto. 

Este libro es un retrato colectivo sobre el que fue uno de los años más cargados de incertidumbre. Tiene la participación de varias escritoras y amigas tales como Tamara Tenembaum, Lala Toutonian, Valentina Lamas y Silvina Giaganti, por nombrar algunas de las 22 mujeres que aparecieron fugazmente. Estas páginas muestran, aunque sea un poco, cómo fue el encierro de la otra. No escatiman, y mientras una de ellas reflexiona acerca de la tirada del IChing que le hicieron por zoom, otra narra cómo es ser madre en pandemia, otra expone que no sabe por qué escribe, que a veces le cuesta. Reflexionan sobre la escritura, películas y música, y nos regalan la posibilidad de escanear un código QR para escuchar la canción o leer el poema que mencionaron. 

Leerlas es una forma de sentirse parte de algo en este momento que puede volverse solitario, antisocial. Dentro de unos años, este libro quedará como un recuerdo, una anécdota, un testimonio de lo que ellas vivieron, pero será un libro que también refleje a les lectores, porque la potencia de estas narraciones es su reflexión sobre temas comunes que nos interpelaron a todes y, de un modo u otro, nos devolvieron reversionades.

Por Camila Miranda De Marzi

Arte: Matilde Néspolo

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