Corazón que ríe, corazón que llora

Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre de pasado no es el pasado. 

Marcel Proust.


Maryse Condé nació en 1937 y comenzó su carrera de escritora a los cuarenta y tantos, cuando en los ámbitos sociales de los 90s una mujer comenzaba a ser vieja. ¡In-your-face! Este libro se publica a sus 62 años y contiene las memorias de una niña guadalupeña en los años 40. Corazón que ríe, corazón que llora cuenta en pequeñas historias, anécdotas de cómo la identidad te choca de frente, a veces con la furia de un tren. En fin, es un libro de autoficción, publicado en su idioma original en el año 1999 y traducido al español por Martha Asunción Alonso para la Editorial Impedimenta en 2019. 

La versión original tiene un subtítulo: Contes vrais de mon enfance, o Cuentos breves de mi infancia. En la traducción se eliminó y es importante traerlo de regreso para que juegue con el epígrafe de Marcel Proust: “Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre de pasado no es el pasado”. De esta manera, Condé nos propone pensar los recuerdos como ficción, hacernos cargo del recorte de la memoria y la oralidad, incluso del olvido y del relleno con el que cubrimos el vacío, para que ese pasado, el de la protagonista y también el de la autora, ahora sea colectivo y las claves nos interpelen a todos.

El abordaje de la identidad se articula dentro de dos ejes: el primero se expande desde lo particular, un camino hacia reconocerse mujer y negra, el descubrimiento del propio cuerpo, los estereotipos de hermosura “válidos” y los restringidos, los ideales femeninos y sus referentes. El segundo eje es la toma de conciencia política desde esa identidad individual inmersa en un colectivo, la conciencia de clase y la memoria de un pueblo desarraigado y colonizado que a veces intenta sostener sus raíces y otras borrarlas, para poder, de esta manera, intentar existir en el colectivo, “blanco” y colonizador, que los trata como hijos ilegítimos.

En Corazón que ríe, corazón que llora la pequeña Maryse no es Condé sino Boucolon, apellido que es presentado separado en sílabas: Bou-co-lon y que, además de llamarnos a reflexionar sobre el significado, se expone tardíamente para que los que creían que esto era una biografía vuelvan a abrir la puerta a las lecturas lúdicas que se proponen desde el subtítulo y el epígrafe. Esta niña cuenta su nacimiento casi de manera extracorpórea, un recurso que expresa el importante rol del recuerdo colectivo en este libro. Maryse nace un día de carnaval y los tambores silencian el llanto: su corazón sabe que al salir del vientre de su madre no volverá a encontrar la felicidad que tenía en ese espacio oscuro de contención. Como diría la propia protagonista: ¡Exagerada!

Nace en una familia acomodada de Guadalupe, isla antillana que pertenece a Francia y es la hija tardía de dos funcionarios y la menor de ocho hermanos. Es negra y no lo nota hasta que conoce a Anne-Marie, una niña blanca, con quien mantiene un juego de ama-esclava que no logra entender. Sus padres no le permiten hablar criollo, extraen de su educación cualquier atisbo que a ellos les recuerde el pasado colonial y el lugar de inferioridad en que los dejaron, sin embargo, estos recuerdos emergen desde la colectividad y la visten aun en la resistencia: “(…) la identidad es como un vestido que tienes que ponerte, lo quieras o no lo quieras, te quede bien o no”. Su estatus social de privilegio la inserta, casi a la fuerza, en el mundo blanco europeo, con viajes cómodos, de estadías vacacionales largas en París, algo que las personas de su color tiene restringido. Pero el mundo blanco no los deja usar sus ropajes aunque vengan de excelentes sastrerías y hablen un perfecto francés, les hacen pagar el tupé de intentarlo negándoles la identidad como a hijos ilegítimos. 

Este pequeño libro de memorias ficcionales nos suelta la mano cuando Maryse se establece en París a los veintitantos. Para todos los quieran saber más, Maryse Condé, ganadora del premio Nobel alternativo 2018, tiene una biblioteca extensa en donde sumergirse. Lxs invito.


Escrito: Débora Faoro.

Ilustración: Matilde Néspolo.