POSE: una resistencia queer estrafalaria

(Creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk y Steven Canals)

En 2018 Ryan Murphy, creador de series exitosas como Glee y American Horror Story, presentó Pose: una mirada hacia el centro de la cultura ball de mitad de los años ochenta en Nueva York, la misma encarnada en el legendario documental Paris is burning (1990) de Jennie Livingston. En un contexto de pobreza y exclusión social, una parte de la comunidad LGBT+ y otros grupos marginados, como los latinos y afroamericanos, construyen una realidad paralela donde la fiesta cubre toda necesidad y dolor.

En estas competencias denominadas “bailes” cualquiera puede llegar a ser centro de admiración. Las normas cambian, la moda se presenta en carne viva y la primera regla es posar: posar para encontrar una realidad negada, porque en la imitación se cuestiona el mismo hecho de la realidad como un todo cerrado, se abre el espacio y se deja ver la riqueza que esconde lo oculto.

La serie muestra la creación, formación y diversas modificaciones por las que pasan las “casas”, familias adoptivas para miembros de la comunidad que no tienen hogar (muchos abandonados o echados de sus casas por su orientación sexual) liderados por una madre. La historia de Blanca (MJ Rodríguez), una mujer transexual con aspiraciones de cambio, sigue la construcción de la casa Evangelista y la llegada de sus hijas e hijos. Entonces conocemos al resto de los personajes (el elenco que cuenta con más miembros de la comunidad LGBT+ en la historia) y los vemos crecer en un mundo que no los recibe, pero por el que no se dejan vencer. La trama, a su vez, se encuentra atravesada por la proliferación del SIDA, una sombra que los persigue incansablemente.

El despliegue estético es impresionante, y suele superar al desarrollo de personajes. Pero, en su segunda temporada Pose alcanza una profundidad admirable, donde a pesar del sufrimiento, la fiesta nunca se detiene. Tanto en la cultura ball como en Pose hay un equilibrio envidiable, que nunca permite dejarse abrumar por la negatividad, y la ubica fuera, del otro lado, en la calle que espera a la salida del baile. Una resistencia queer estrafalaria, un universo de resignificaciones infinitas, donde los códigos se nos van revelando paulatinamente. Nunca las lentejuelas tuvieron tanto peso político.

La tercera temporada ya se está filmando.

Reseña por Julieta Henrique

Arte por Van Arce