LA ASISTENTE: de eso no se habla

(Direc. Kitty Green, 2020)

La primera película sobre Harvey Weinstein: de esta manera fue recibida La asistente, ópera prima de la realizadora Kitty Green. A pesar de nunca mencionarlo, es considerada la primera vez que se trata el caso del famoso productor acusado de abuso sexual, e incluso violación, por múltiples mujeres del ambiente, y encontrado culpable a principios de 2020. Un drama de una hora y veinte minutos que sigue a Jane (Julia Garner), una chica joven que trabaja como asistente en la sucursal de Manhattan de una importante productora de cine, y que comienza a percibir ciertos comportamientos de su jefe que la hacen temer por las mujeres de la empresa.

La película transcurre durante un día laboral de Jane, desde la madrugada hasta entrada la noche. La monotonía de sus actividades como asistente, más la falta de individualidad (no conocemos nada sobre los personajes que rodean a Jane, y casi nada sobre ella) marcan el tono que nunca se abandona: lejos estamos del Hollywood previamente representado en el cine. El séptimo arte se ha convertido en una oficina gris y malhumorada, donde las agresiones verbales, el destrato y el menosprecio son moneda corriente.

Más allá de si Harvey Weinstein es o no el nombre que resuena detrás de ese jefe al que nunca le vemos la cara, la película se encarga de construir cierto tipo de dinámica abusiva y machista que en los últimos años ha sido expuesta como modé dentro de la industria cinematográfica. Es fundamental cómo esa dinámica es desarrollada, y no se puede evitar elogiar el nivel de sutileza y detalle con el que Green decide mostrar y ocultar la evidencia hasta llegar a un punto que resulta desesperante. La clave se mantiene en forma y contenido: de eso no se habla. El silencio devora los minutos de película, la incomodidad ocupa todo el espacio. Jane observa, escucha, responde tal como se espera de ella, pero en la entrega de personaje delicada que ofrece Julia Garner podemos acceder al terror que oculta el tedio de la oficina. Un terror que, si bien nadie pronuncia, todos los personajes inmediatamente reconocen en Jane, que todavía no ha naturalizado los comportamientos que este jefe en las sombras tiene con las mujeres que trabajan con él.

Todo es cuestión de perspectiva. ¿Qué vio Jane? ¿Qué sabe? La manipulación es constante. Va ahogando a Jane a medida que la película avanza, y esa falta de aire nunca se detiene. ¿Cuánto vale hablar? ¿Vale el futuro de Jane en la industria? Tal como le dicen, cualquiera querría tener su trabajo, ser parte. Green logra una simpleza que sitúa el problema en los zapatos de cualquiera, donde valentía y sororidad parecen ser solo palabras en un mundo donde el jefe no muestra la cara, pero tiene todo el poder. Un trago amargo, un hallazgo cinematográfico, una pregunta que queda suspendida. La asistente es un llamado a no perder de vista el verdadero problema: quién tiene el poder de hablar, y quien no. 

Por Julieta Henrique

Arte por Van Arce

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