LAS MIL Y UNA: Libertad clandestina

(Direc. Clarisa Navas, 2020)

Durante la 35° edición del Festival de cine de Mar del plata Clarisa Navas (Hoy partido a las tres, 2017) presentó su segundo largometraje, cuya historia se ubicó en el barrio “Las mil viviendas” de la provincia de Corrientes en Argentina, del cual Navas es oriunda, y que le da nombre a la película. Los personajes que Navas desparrama por el barrio ofrecen a la mirada unos cuerpos que se desplazan de formas particulares por un territorio precarizado, hostil y observador, sin dejar de mostrar la permanencia de valores y presencias superadoras entre la maleza. 

La película inicia con un plano secuencia que sigue a Iris (Sofía Cabrera) por su barrio, mientras saluda y juega con una pelota de basquet. Y a partir de entonces, los recorridos y las caminatas entre las edificaciones, por pasillos y plazas chicas, se vuelven recurrentes. El cuerpo habitando el espacio va a mostrarse en todas sus formas, especialmente el andar del grupo de amigos de Irís, Darío (Mauricio Vila) y Ale (Luis molina), que como ella, se encuentran explorando su homosexualidad. 

Durante los festejos de año nuevo los adolescentes del barrio se juntan a tomar y fumar en una plaza, pero Iris y sus amigos no comparten el gusto por ese tipo de festejo. Sin embargo, por norma social, intentan compartir con los demás, entre los cuales se encuentran varios personajes agresivos. Uno propone jugar a las escondidas, y entonces una de las grandes claves de recorrido se revela. A penas el grupo se dispersa, los personajes se mueven hacia las zonas oscuras, los pasajes sin iluminación, y entre ellos comienza a aparecer un desenfreno sexual que no esconde lo que quiere. Para algunos, esa oscuridad del barrio se vuelve libertad, para otros, como los amigos de Irís, se vuelve el único espacio en donde encontrar el contacto que no encuentran a la luz del día. 

Cuando Iris comienza a sentir atracción por Renata (Ana Carolina García), una chica con mala reputación en el barrio, la resistencia queer que ella y sus amigos mantenían se ve abierta a una nueva experiencia, donde la realidad es aún más dura, y los obstáculos más fuertes. Navas conforma un grupo de personajes que desde vivencias cotidianas muestran el daño que sufre el otro, el desplazado, el que no puede caminar libremente por todo el barrio sin tener que tapar o aminorar su identidad. Sin embargo, la cámara adopta un lugar cómplice. Recorre junto con los personajes el barrio, juega a las escondidas, y puede ver a estos personajes en sus momentos más sublimes, cuando desvelan su deseo, su humor, su disfrute más real sin miedos. Hay una libertad clandestina en la película, un tono por momentos alentador, que vuelve inevitable acercarse a los personajes, querer estar con ellos, disfrutar de su compañía, porque a pesar del hostigamiento que viven, el valor del amor y la amistad en sus términos no tiene comparación. 

Reseña: Julieta Henrique

Arte: Van Arce

La película puede verse en los estrenos de Cine.ar

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