El silencio es un cuerpo que cae

(Direc. Agustina Comedi, 2017)

La cámara se mueve alrededor de la escultura del David en Florencia. Se acerca a sus detalles, recorre el trabajo del mármol, y después se distrae hacia una nena que camina distraída detrás de su madre. Esa nena ahora vuelta directora, tiene un trabajo enorme: volver sobre los rastros de una vida perdida, atravesar la figura del padre, y escarbar en los secretos y silencios que la marcaron. Jaime es el nombre que resuena durante todo el documental. Jaime: el padre, el amante, el militante, el amigo, el secreto, el cuerpo que no aparece frente a la cámara, porque es Jaime quien filma. Padre e hija se unen en la misma posición, con una diferencia de años determinante: documentan, filman, miran, se quedan detrás de la cámara. Jaime filma a su hija, Comedi rastrea el silencio de su padre, y encuentra cómo contarlo.

En el auge de las grabaciones caseras, Jaime compra una Panasonic y se dedica a filmar todo, incluso los minutos previos al accidente que termina su vida. 160 horas de filmación son el material con el que años después su hija decide enfrentarse. El VHS remite instantáneamente a grabaciones familiares, a un tipo de recuerdo hecho video que muchas familias argentinas guardan en alguna caja. En los de Jaime, la familia se entremezcla con una vida anterior, una vida silenciada que Comedi despliega en un montaje estremecedor. “Cuando vos naciste, una parte de Jaime murió para siempre” le dice un amigo de su padre, y entonces se abre el telón. Por medio de entrevistas, de relatos, de fragmentos filmados, de mucho material de archivo, y una voz en off que parece encontrar siempre las palabras justas, nos acercamos al Jaime que Comedi busca, ese que hubo antes de que fuera su padre.

Una vida se abre y, entre sus pliegues, se encuentra una historia que desde la intimidad refleja una realidad pública, histórica, marcada por la violencia y el silencio forzado. La Argentina de los 70 a los 90 es el contexto al que Comedi debe recurrir para encontrar a su padre: una época en la cual militancia, homosexualidad y SIDA adquieren un impacto en carne viva. En las entrevistas se habla de Jaime, de sus dos vidas: la homosexualidad vivida antes de ser padre con cierta libertad, un rumor que la familia no termina de poder pronunciar, y su vida de casado con una hija. Los viajes con amigos, los viajes con la familia. Seguimos a Comedi en ese descubrimiento y, junto a ella, atravesamos la oscuridad común a las realidades disidentes, para encontrar esos momentos de luz en los cuales fragmentos perdidos de la historia se completan, rostros se encuentran, nombres resonantes hallan sentidos. Y nos quedamos con un gusto amargo en la boca por no estar tan distanciados de encontrar el silencio de Jaime cerca, pero sí una fuerza que Comedi entrega: su propio hijo sabiendo definir Libertad en pocas palabras.

Reseña: Julieta Henrique

Arte: Van Arce

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