parque de las ruinas

En el último poemario de Marília Garcia (Brasil, 1979), recientemente traducido al español por Mandacaru Editorial, nos encontramos con una voz innovadora que logra combinar  diferentes géneros y explorar los rincones de la lengua. Esta hibridez nos permite extender los límites establecidos por la poesía, el ensayo, la fotografía, el cine, etc. La imagen y la palabra establecen una conversación orgánica, corporal e inclusive sanguínea. Garcia nos da la oportunidad de interactuar con la lectura: no nos da el material masticado.

¿Cómo mirar? ¿Desde dónde? ¿Cuántas veces? parque de las ruinas invita a correr la mirada hacia lo cotidiano, lo obvio, lo infraordinario, para hurgar en las oscuridades que la distancia, tanto espacial como temporal, traza entre el ojo y el espacio revisitado. Este movimiento nos lleva a descubrir lo que no habíamos advertido a primera vista. La búsqueda de lo extraordinario en la repetición y la insistencia se propone desde un primer momento como clave de lectura. 

A través de una escritura ensayística que se problematiza a sí misma, el poema deviene diario de viaje, colección de citas, exposición académica. Mirada y poesía convergen en una serie de reflexiones que retoman ideas de artistas anteriores para transformarlas en inquietudes aún vigentes. El pasado performático de la obra deja huellas en el texto que pueden ser tomadas o dejadas en la lectura. El tono explicativo de la voz nos lleva por un recorrido del pensamiento que avanza sin opacidad, abriendo preguntas y presentando fragmentos de ideas. Así como se insiste en la mirada, el poema pide ser releído una y otra vez desde nuevas instancias. 

Sin dejarse aprehender por ningún molde, la experiencia colma la escritura otorgándole el poder de desplegar nuevas realidades en cada mirada, en cada lectura. No hay lugar a dudas: parque de las ruinas es una obra indomable que pone el foco en lo doméstico, convirtiéndose en una lectura inagotable. 

Reseña: Ana Clara Chanvillard y Julieta Henrique

Arte: Van Arce