Todxs contra Tincho I

Tincho es una figura veloz. Alumbra algo que antes no veíamos con tanta claridad. Permite mostrar una instancia, marca el movimiento de un concepto, y nos deja adivinar un modo de ser y estar en el mundo. 

Tincho da cuenta de un sujeto. En occidente, esto quiere decir: aquél del cuál desarrollaremos nuestros predicados. Toda nuestra gramática descansa en esta idea capital. A Tincho le atribuiremos una actitud, una forma de conducirse, de discurrir, de saber, de actuar y de interactuar. 

Este tipo de figuras apuradas abundan hoy en día: el imperativo de los 140 caracteres nos ha impulsado a buscarlas. Su velocidad puede condenarnos a la inmediatez y funcionar como venda, pero también puede ser ocasión para la reflexión.  En primera instancia, el nombre “Tincho” nos permite congelar la realidad para intentar comprenderla. 

En un marco de avanzada fascista a nivel global, y con el autoritarismo más descarnado tocándonos la puerta, parece ser necesario pensar a Tincho, dar con sus condiciones de aparición, y revisar los modos en que hemos sido impulsados a ser Tinchos nosotrxs también. Entendiendo que hay una guerra en curso, y que en lo que va del siglo la violencia parece sólo querer escalar, este texto se propone reflexionar, pero también construír ciertas trincheras. Considero que redescubrir algunas nociones bélicas será necesario para nuestra supervivencia. El supremacismo blanco, masculino, heterosexista y de clase no parece querernos dar tregua a quienes no encajamos en ese modelo humano. De allí que reflexionar sobre Tincho y su proliferación se muestre a la orden del día.

¿Qué sucedió para que se produzca una ofensiva de Tinchos? ¿Por qué proliferan? ¿Qué nos generan? ¿Nos seducen? ¿Queremos ser Tinchos? ¿O solamente cogérnoslos (nuevamente, el guiño de ojo al fogonero que quería Perlongher)? ¿Nos repugnan? ¿Qué quiere decir que hoy en día podamos enunciarlos? ¿Lograremos nosotrxs realizar una ofensiva contra Tincho? ¿Seremos capaces, finalmente, de matar a Tincho?  

2. ¿Qué es un Tincho?

“¿Ti esti Tincho?”, pregunta netamente socrática. Sin definir el “ser” de Tincho (que, como se verá, no es sino su “estar”), difícilmente podamos avanzar. 

Idealmente, Tincho es un hombre-blanco-cis-heterosexual de clase media o clase alta. Por sus coordenadas interseccionales, Tincho ostenta todos los privilegios en el mundo capitalista, patriarcal y colonial en el que vivimos. Es el ganador de una guerra que él no ha combatido. Todo lo que posee, lo posee por haber sabido hacer el mejor usufructo posible de la violencia. 

Pero Tincho no refiere solamente a los individuos de carne y hueso que nos encontramos a diario. Estos monigotes que ejercen las formas terminales de la violencia contra nosotrxs son solamente eso, un rebote, un resultado de un proceso más lento, que ellos no ven, y quizás nosotrxs tampoco. Cuando un grupo de Tinchos viola en grupo a una piba, golpea a una persona en situación de calle, o lincha a un chabón por “negro de mierda”, allí se encuentran operando fuerzas milenarias, que han organizado capas de sentido, conjuntos de prácticas y modos de ser y estar en el mundo desde tiempos inmemorables. 

Primer supuesto para este ensayo: lo visible y lo enunciable de una época no es sino el resultado de múltiples sedimentos históricos que producen y moldean el mundo que habitamos. No hay voluntarismo, ni decisiones individuales, ni deseos espontáneos, sin la mediación histórica de la forma social que antecede nuestra ontología, y la posibilita. 

Apliquemos esa lupa a Tincho. Si entendemos que Tincho no toma deciciones espontáneas, sino que su violencia se articula a partir de etapas geológicas que lo anteceden, podemos abordar a Tincho como un “modo de vida”.  /Esto es: un conjunto de prácticas que articulan discursos, saberes, actitudes, formas de estar y modos de conducción de la conducta propia y ajena. Esta articulación se actualiza en cada Tincho de carne y hueso, pero es una configuración donde conviven numerosas temporalidades que voy a intentar organizar.  Por lo pronto, a partir de esta primera definición, quiero llamar la atención de cómo Tincho en un modo de relación con unx mismx, y con lxs otrxs, que no deja de aparecer en nuestra sociedad occidental. De allí que sea necesario revisar las matrices de producción de subjetividad de nuestra cultura, para dar con las bases que producen Tinchos a mansalva. 

Este modo de vida generalmente se hace carne en el individuo blanco, cis-heterosexual de clase acomodada que ya mencioné, pero eso no quita que otras identidades puedan incurrir o aspirar a ser Tinchos. Si Tincho es un modo de vida, esto quiere decir que el conjunto de prácticas, discursos y estilos que lo sostienen son múltiples y heterogéneos, y que pueden convivir en un individuo con otros estilos y modos de conducción de sí mismx. De allí que usualmente encontremos a Tincho en un segmento determinado de la población, pero que podamos encontrarlo en diversos individuos, de distintos estratos sociales, etnias, o géneros. 

Es posible afirmar, entonces, que Tincho no es nadie en particular, pero Tincho podríamos ser todxs. 

3. Tincho y la acumulación.

Ahora bien, si Tincho puede aparecer en escenarios tan diversos, ¿cuál es la caracterización de Tincho, que segmenta su modo de vida con respecto a otros? ¿Qué es lo propio de la conducta Tinchificada? ¿Por qué podemos enunciarlo, delimitarlo, distinguirlo del resto? ¿En torno a qué mecanismo es que el conjunto de prácticas que lo componen se articula? En primera instancia, arriesgo la hipótesis de que el modo de vida Tincho se organiza en torno a una idea capital: la acumulación. 

Todo lo que Tincho hace en su cotidianeidad se construye para acumular valor. Sea por su apariencia física, por el reconocimiento que “los pibes” le dan cuando cuenta que se cogió a la más tetona, o por el dinero que en su cuenta bancaria se reproduce automáticamente, en todas las dimensiones de su vida, Tincho busca acumular para auto valorizarse. 

El subtexto de esta idea matriz es que ese valor sólo es acabadamente tal si lo posee Tincho, y solamente Tincho. Por eso, ante cualquier señal de empoderamiento ajeno, valorización de lo extraño, redistribución de los recursos y los reconocimientos, la reacción de Tincho será la violencia. Él defenderá lo que cree que es suyo con uñas y dientes por medio de su violencia viril y carnívora. La competencia es su hilo conductor, y encuentra su triunfo en la anulación total de su otrx. 

Regresando a la definición que di más arriba, advierto que todo ese valor acumulado en Tincho no se da por sus méritos personales, sino por un uso más acabado de la violencia. De allí que para apoyar la idea de la “acumulación”, Tincho necesite montar sobre el mundo una lógica de extracción. Tanto sobre las cosas, los animales, la vegetación, los microrganismos que lo rodean, y lxs otrxs, Tincho monta un lazo social que busca extraer del otrx la mayor cantidad de trabajo posible en vistas de producir valor. Sea tanto por el trabajo reproductivo hecho por las mujeres de su entorno, o por el trabajo remunerado pobremente sobre sus empleadxs, Tincho siempre extraerá de su entorno un plusvalor que guardará para sí bajo el convencimiento de que “el se lo merece”. De alguna u otra manera, siempre logrará que alguien resuelva su vida por él. 

¿Porqué Tincho se encuentra en ese lugar de privilegio estructural? ¿Cómo ha escalado hasta la punta de una pirámide que saquea todo lo que está por debajo de ella?

Por lo pronto, señalaré que al origen de Tincho se encuentra una vejación, un robo, un trauma originario. A diario vemos triunfar un discurso meritocrático (que más adelante voy a caracterizar) que quiere moldear la realidad bajo el convencimiento de que cada quien tiene lo que merece. De este modo, se buscar invisibilizar el fuego y la sangre que han trazado los límites del mundo en el que vivimos. 

De allí que sea necesario siempre rescatar un archivo menor y disidente que logre echar otra luz sobre los acontecimientos que nos han hecho ser lo que somos. El mundo en el que vivimos no es resultado de acuerdos y consensos, sino de violencia y vejación. En el origen de la moral, la tortura (Nietzsche); en el origen del capital, saqueo (Marx) y en el origen de la subjetividad, represión (Freud). Tal es la perspectiva que muestra, desde una aproximación triple y crítica, la historia de sangre y horror necesaria para producir a Tincho, y a todxs nosotrxs. 

Por José Ignacio Scasserra
Ilustración: Manu Zaffa