Mujeres del siglo XX

(Direc. Mike Mills, 2016)

Santa Bárbara, 1979. Madre e hijo miran arder atónitos su Ford Galaxy en el estacionamiento de un supermercado, el auto que había dejado el padre y ex marido que solo llama para cumpleaños y navidad. Consumido vestigio de una presencia que se va con el humo, el primer y último rastro de un padre en Mujeres del siglo XX es el final con el que comienza la película.

Dorothea (Anette Bening), una mujer soltera e independiente que se encuentra en sus cincuentas y su hijo de quince años Jamie (Lucas Jade Zumann) viven junto con dos inquilinos: Abbie (Greta Gerwig), una fotógrafa en sus veintes que sufre de cáncer de cuello uterino, y William (Billy Crudup), un hombre que trabaja refaccionando la casa. Cuando su hijo sufre un accidente inofensivo jugando con amigos, Dorothea nota la distancia que crece entre ellos y busca la ayuda de Abbie y Julie (Elle Fanning), la mejor amiga de Jamie. “¿No necesitas un hombre para criar un hombre?” comenta ella. Pero Dorothea cree que no.

Con un tono melancólico y nostálgico, pero que no pierde el humor, las voces de Jamie y Dorothea se intercalan para narrar sus vidas y las de los demás personajes. El presente en inaprensible, apenas se vislumbra en las conversaciones que mantienen, en los encuentros dónde intentan confluir tres generaciones que se desconocen entre ellas, pero que buscan comprenderse. El futuro es inimaginable, y el pasado es definitorio. La trama avanza episódicamente coleccionando pedazos de vida de cada personaje, con intervenciones de archivo de la época, citas de libros, y una presencia fuerte de las disputas musicales del momento. En una democratización refrescante de las voces, cada vida es igualmente atendida y complejizada.

La crianza colectiva va tomando forma a medida que cada una intenta compartir con Jamie su vida. Abbie lo introduce al feminismo y al movimiento punk, además de compartir con él sus miedos y decepciones, lo cual lo lleva a una pelea con un chico al comentarle sobre la estimulación del clítoris. Julie le confiesa que el orgasmo no es común ni para ella ni para sus amigas, y le lee pasajes de libros que hablan sobre la construcción ficticia del amor. Dorothea busca acercarse, entenderlo, a medida que crece y se aleja de ella. Maternidad, libertad sexual, anticoncepción: los tabúes son desplegados en la cotidianeidad frente a Jamie, cuestionados frente a él. En una escena magnífica, Abbie, frente a la reacción que obtiene durante la cena al decir que estaba menstruando, incita a toda la mesa a repetir la palabra menstruación sin miedo, sin vergüenza. Julie cuenta entonces cómo su primera vez teniendo sexo fue dolorosa, horrorizando a los invitados, pero con el ímpetu de la necesidad de alzar la voz.

Ninguna de estas mujeres es presentada como idílica, ni su generación estereotipada. Dorothea, independiente y fuerte, siente que el feminismo es un tema demasiado duro para su hijo. Abbie sufre, disconforme con su vida, no logra lidiar con la posibilidad de ser infértil. Julie, en su sueño de liberación sexual, admite que al tener sexo lo único que le da placer es sentirse deseada. Incluso William, el fuerte albañil, resulta sensible y comprensivo con estas mujeres, y sueña con dedicarse a la cerámica.

Las ideas, las creencias, las construcciones se van desbaratando. Jamie, en medio de esta interacción generacional, busca ser un hombre bueno, busca qué significa eso en la sociedad en la que le toca vivir, y qué distancia encuentra con lo que debería significar. Tiempos de cambio, de cuestionamiento, de reflexión sobre las problemáticas que seguimos pensando en el siglo XXI, y que seguimos encontrando rechazadas, miradas con escándalo. Mujeres del siglo XX es una experiencia delicada llevada adelante por un conjunto de voces que logran cautivar e interpelar por casi dos horas de película, al mostrar cómo lo personal siempre es político. 

Reseña: Julieta Henrique

Arte: Van Arce