LAS VISTE, LAS PISASTE, Y DESPUÉS ¿QUÉ?

Una rama de mi familia está rota

como planta de olivo la sangre italiana coagula

en el desconocimiento, el verse poco.

-Después, Nurit Kasztelan.

Como quien toma distancia y analiza fría y objetivamente, Nurit Kasztelan da comienzo con estas palabras a Después (2018, Caleta Olivia), un poemario que comienza in medias res y que no tarda en embarrarse con la herida del transitar, volviendo al origen: la figura de la madre, la infancia, la ausencia, la llegada y pérdida de amores, la cotidianeidad, una misma y el tiempo; sobre todo el tiempo. Temporalidad, verso y experiencia se van entrelazando a través de una escritura despojada, intimista y transparente, donde el poema se convierte en una forma de autoconocimiento que termina desbaratándose, porque usar la palabra es crear una ficción del recuerdo y recrear ese abismo insondable que separa a lo vivido de lo plasmado: Cada vez hay más distancia/entre lo que contás/y lo que en realidad querés decir. 

Nos encontramos ante una obra argumental en primera persona, que tiene apariencia autobiográfica y esboza un chillido instintivo de auxilio, de ahogo, que pide un retroceso inevitable al punto de partida, a ese inicio casi uterino: Y ahora volvés a esa niña de rodillas/que no sabe qué hacer con un no/frente a las cosas. 

Entonces, ¿de qué sirve la experiencia? ¿Qué viene después del movimiento? ¿Para qué el viaje, si todes nos ahogamos con la misma preocupación superficial de gustar al resto? El movimiento es la forma de atravesar el duelo y la poeta confirma el dicho: nadie regresa de un viaje siendo la misma persona.

El ritmo también es cambiante, alineándose con la emocionalidad orgánica que ha sido desplegada ya en las primeras diez páginas del libro, e involucra a lo físico como objeto rutinario que impulsa el deseo de un aprendizaje más primitivo, menos desgastante quizás: Quisiera cocinar como una forma/de pensar con las manos/pero los platos se acumulan. El ejercicio de intercalar versos largos con versos más cortos agrega no solo musicalidad, sino que hace hincapié en la fractura, el quiebre del cuerpo, que se mimetiza con esos versos tímidos, donde parece ser que el dolor se concentra. Y sorprende, sí, ante tanto agravio, la aparente frialdad del sujeto lírico; pero no es más que un logro de esta escritura.

Tiempo y recuerdo solo regresan truncados y tratan de reponerse desde lo ficcional, de la misma manera que el decir y el querer decir lo hacen. Tarea difícil, sobre todo cuando algo nos impacta… Pero allí es donde la poesía se siente más cómoda. Y Nurit Kasztelan lo sabe. 


Escrito: Ana Clara Chanvillard

Ilustración: Van Arce (sobre fotografía de Catalina Bartolone)