Estás muy callada hoy

“Tengo que tener cuidado. Mis opiniones están desajustadas con el concepto de felicidad común y corriente.”

Un diario. Una autobiografía. Una novela. Realidad. Ficción. El primer libro de Ana Navajas, en donde los límites se borronean porque ya dejaron de importar. La experiencia es el centro, y desde ahí Navajas juega a estirarlo y comprimirlo, a mostrar una porción de la fotografía y a ocultar el resto. El resultado es una vida, reducida o expandida a ciento cuarenta y cuatro páginas, donde no hay una palabra de más, ni una de menos. La potencia de lo personal muestra su capacidad cuando es encauzada por una voz fresca, dispuesta a embarrarse.

La narradora de Estás muy callada hoy tiene una voz firme, dice lo que no se debería decir, lo que no se espera, pero no habla casi nunca. Escribe, en cambio, y la sombra de su prosa avanza sobre ese espacio que falta para decir las cosas sin adornos, sin malicia ni desesperanza, con la seguridad del que ve y advierte. Con forma de diario íntimo sin fechas, cuyas entradas podrían incluso ser intercambiables, la voz descarga las imágenes del día en la página. La cotidianidad, ese conjunto de experiencias rutinarias y aprendidas de memoria, se abre en cada capítulo por una mirada atenta que hunde el ojo en la sala de espera de la ginecóloga, en la reunión familiar, en la charla con amigas, y lo arranca afectado. La narradora no habla, hace, observa, a veces escribe. Desde una distancia, alejada del tumulto, pero afectada por él. Vuelve sobre las heridas, sobre su infancia, ama ser madre, pero también quiere estar completamente sola. Se pregunta, como un susurro a lo largo de la novela: ¿está mal querer estar sola?

Aferrada a un cigarrillo se escurre de la compañía, disfruta de lo inútil de leer, como ella dice, y recuerda a su madre. Así comienza la novela, y así termina. El duelo, que también se estira y se comprime, no abandona las páginas. Porque la muerte de la madre parece ser ese último hilo cortándose, la independencia total. Y sin embargo, la narradora no es independiente, sigue dedicada al cuidado de los demás. Casa, esposo, hijos, perro. ¿Quién es cuando está sola? ¿Dónde se encuentra su deseo? El resabio de una disconformidad no definida se abraza a las experiencias y la muestra desconectada, a un costado de la escena. Siempre te querés ir, le dice su marido. Tiene razón. A la mitad de su vida, la narradora encuentra su lugar en la soledad, en el silencio, en la independencia de una voz propia, única. Estás muy callada hoy es la búsqueda de esa voz emancipada.

Por Julieta Henrique
Arte: Van Arce