“Que mujeres, guerreras, vanguardistas y políticas sean negadas e invisibilizadas por la historia, no es novedad”

El recorrido para realizar “Mujeres de la mina” fue muy largo. En 2006 Loreley Unamuno viajó a Bolivia a la asunción de Evo Morales para hacer fotos. Así conoció a Francisca, una de las protagonistas del documental, que le preguntó “¿Por qué no vienen a hacer una película sobre nosotras?”. El documental comenzó con Francisca, pero los viajes que hicieron con Malena Bystrowicz fueron sumando Lucía Armijo, Domitila Barrios de Chungara entre tantas otras, porque la historia de estas hijas de la Tierra Madre solo puede ser contada por el coro comunitario de sus voces.

¿Cuál fue el mayor desafío para la realización de Mujeres de la Mina?

Fueron muchos, pero hoy podría decir que tiene que ver con algo filosófico de hacer un documental que no es el tuyo, era cómo encarar eso en un equilibrio entre lo que nosotras veíamos y creíamos, y lo que esa misma realidad y las mujeres entrevistadas querían decir. Construir ese diálogo, es un equilibrio complejo. Con mucha paciencia, el documental tiene mucho de saber esperar, escuchar, entender, pedir permiso, y explicitar por qué queríamos hacer esto. Pero creo que no podríamos haberlo hecho de otro modo y eso le da potencia.

¿Tenían la intención de desarmar lo colonial en lo latinoamericano? Porque no hay un voz en off y la cámara es un testigo inmóvil que solo acompaña lo que sucede. 

Se desprende de una forma de estar con la cámara en el lugar y de retratar a las protagonistas. La visión colonial las quiere mostrar como inferiores o carentes de un discurso propio. Pero algo que teníamos claro nosotras es que no las queríamos mostrar como víctimas. Son mujeres capaces de dar respuesta a la opresión. Las sentíamos a ellas como inspiración de fortaleza. A medida que estuvimos en el cerro, a pesar de las distancias y diferencias, también había algo como mujeres, madres y trabajadoras con lo que nos identificábamos, como mujeres latinoamericanas. Cuando conectamos con eso, pudimos ir un poco más allá. Potosí es el emblema del colonialismo en América, entonces hay algo que sucede en las historias que ellas cuentan que son comunes y se genera identificación. Hay ciertas matrices que atraviesan el continente, las mujeres y los sectores populares. Mujeres que solo salen adelante con un contexto de explotación y esto no es algo exclusivo de las mineras.

¿Por qué crees que Domitila no está lo suficientemente visibilizada como una referente? 

Es algo lógico que mujeres, guerreras, vanguardistas y políticas sean negadas e invisibilizadas por la historia, no es novedad. Es interesante que en esta época, donde el feminismo es cada vez más grande y explotó en todos los ámbitos de la vida, como síntoma de eso, se está revalorizando a Domitila. Cuando estrenamos la película en 2014, se mencionaba como figura a Galeano, pero desde hace dos años, cuando nos convocan, es por Domitila.

Hay una parte del documental, en donde hablan en quechua, que no es traducido. Y te deja esa sensación de carencia, no porque ellas no estén hablando castellano, sino porque nosotras no sabemos su primera lengua, y nos quedamos fuera de ese mundo al que no podemos entrar si no somos invitados, si no pedimos permiso. ¿Esa era la intención?

Ha pasado que esto no se entendió, y sí era eso lo que queríamos mostrar. Hay una provocación que es la búsqueda nuestra. Ese momento es una charla coloquial, pero nos parecía que era necesario generar la situación de no entender, lo que es no comprender la lengua y el valor que tiene la lengua hegemónica del castellano. Las muestran como analfabetas cuando en realidad son bilingües. Fue una búsqueda de visibilizar el quechua y tratar de invertir el paradigma.

¿Qué significó para vos ir a Bolivia cuando asumió Evo Morales como el primer presidente indígena de Latinoamérica y el mundo?

La minería en Bolivia, en ese momento, era la columna vertebral de la economía y la política. Su reconocimiento como trabajadoras, ciertas leyes y otras políticas que fueron conseguidas durante el gobierno de Evo incidieron en ellas como mujeres. Las políticas de los gobiernos de Evo fortalecieron mucho sus identidades indígenas. El caso de Potosí es un caso muy particular, ya que es un cerro que está casi muerto porque no es un lugar estratégico en lo económico. El gobierno de Evo marcó un hito en la historia, en la revalorización y empoderamiento de las identidades indígenas como motivo de respeto y orgullo. 

El golpe de Estado que sufrió Bolivia el año pasado, es un golpe racista y clasista, y la situación que vive Bolivia es muy trágica y preocupante, porque este gobierno viene a traer por la fuerza el discurso neoliberal y meritocrático. Es muy fuerte que estemos conviviendo con un golpe de Estado sangriento en donde no hay libertad de prensa. Es preocupante para toda Latinoamérica.

La historia y las luchas de las mujeres latinoamericanas han sido silenciadas, pero ustedes las revalorizan  ¿Por qué eligieron mostrar a las mujeres de la mina, de Potosí?

No es tan distinto lo que hacen ellas a lo que hacen las cartoneras, dentro de un contexto laboral y social que generan sujetos desechables donde sus vidas no valen y trabajan en condiciones inhumanas. El promedio de los hombres en Potosí es de 35 años. Cuando se instala un sistema tan bestial y no hay opción, y desde ese lugar emerge la resistencia, en este caso en gran parte son las mujeres que forman resistencias  de construcción colectiva, ellas plantean que las cosas en esos contextos tan extremos no se cambian desde la individualidad.

“El miedo de los bolivianos es el que llevan adentro y no es el capitalismo, la burocracia, la política o el imperialismo” dice Domitila, entonces, ¿qué es ese miedo latinoamericano?

Para nosotras esta frase fue fundamental. Galeano en la asunción de Evo habla de Domitila y trae esa frase, y dice entonces que Bolivia perdió el miedo y ahora es Bolivia. Y esa frase me quedó resonando y Domitila era minera, fue un eje en la narración para no mostrarlas como víctimas. El eje es la pérdida del miedo. Esto pasa también con el feminismo, la pérdida del miedo es poder tener agencia y tener voz.

El documental empieza con el fuego, el canto a la pachamama, el frío. ¿Cómo es el vínculo de esas mujeres con la Madre Tierra desde la contradicción de amar, explotar y tener miedo a la muerte del cerro?

La relación con su cultura ancestral es muy orgánica. Tiene su lado b: el alcoholismo y la violencia de género que está muy naturalizada. A la vez hay algo que tiene que ver con el vínculo con la naturaleza, con el respeto y el cuidado que genera claramente muchas contradicciones. Evo planteó ciertas políticas mineras con bastante conciencia de lo que se estaba haciendo. Ahora todo esto se fue por el Litio, y se puede asociar el golpe de Estado a eso. Es una gran diferencia que sea una explotación medida a otra que sea bestial, y la primera ahora no va a suceder. El cerro está casi extinto pero eso no es culpa de elles. Están tratando de subsistir en un sistema espantoso que los vuelve parte de un engranaje que si no hacen eso mueren. Si tuvieran la posibilidad de hacer otra cosa lo estarían haciendo.

Tienen una conexión muy fuerte con la espiritualidad. La primera escena es una introducción, para que sepan a qué mundo van a entrar. Hay dos cosas que son muy interesantes en las culturas andinas: lo comunitario sucede y es parte de su cotidianeidad; y también la búsqueda de una conexión.

¿Cuál es tu opinión sobre las políticas públicas de financiamiento y distribución de realizadoras de documentales en Argentina?

Es un momento muy complicado por la pandemia, por las políticas de la gestión anterior, por todos los cambios que suceden en los medios audiovisuales y las formas de consumo. La situación que tenemos hoy en día al ser mujeres o alguna identidad por fuera de la masculinidad hegemónica en el medio visual es igual al de casi cualquier otro rubro. Las políticas públicas que hay en relación al cine en términos de género son nulas. No reconocen que exista un problema y, por lo tanto, no aplican ninguna política en esa dirección. Eso es algo contra lo que se pelea hace bastante: la desigualdad estructural. En términos de documental, específicamente, es un rubro en el que las mujeres, en general, se han desarrollado más por las políticas que se lograron en base a organización. No fueron regalo de ninguna gestión, sino que fueron puro logro de la comunidad, que hacen que la producción sea más accesible. Las políticas públicas tienen que incentivar a las producciones pequeñas, artesanales, que exploran narrativas.

¿Qué recomendas tener en Agenda Permanente?

Recomiendo un documental que está en Netflix que lo hizo Petra Costa, realizadora brasileña: “Al límite de la democracia”, que cuenta el proceso de creación de la grieta brasilera que facilitó la asunción de Bolsonaro. Y bueno, a Domitila; es una recomendación permanente, hay que leerla.

Por: Florencia C. Barba Lijerón y Daniela Sánchez Enrique.